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Llegó el día

Partir, aunque de forma momentánea, de regreso a Lima, a mis amigos, a mis madres, a los recuerdos. Mis manos han despertado frías y en Cajamarca alumbra un sol poderoso que me calienta el cuerpo, que lo entibia y guardo la calma. La forastera ha armado su maleta, lista para reencontrarse con una ciudad que la sabe antigua, que la verá de cambio, curada, mejorada.

Siento tantas cosas. Este viaje es debido a la presentación de mi poemario. Voy a parir, enfrente de todos ustedes, voy a parir y después de ello, nada será lo mismo, para siempre. Porque así son las cosas, una vez que llevamos a cabo ciertas acciones, ya no hay vuelta atrás y sólo nos queda asumir "los fuegos" posteriores.

Este es mi fuego, mi alabanza a tantas noches de lectura, de vino, de palabra, de belleza. Bienvenidos sean todos, este lunes al quirófano.

Erika Almenara, 29.9.06 05:30

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Feliz cumple, Jime

Testimonio de una ausencia

SOBRE JIMENA PINILLA. Ha pasado un año desde el diagnóstico de su enfermedad --que fue coincidente con su cumpleaños--. Y en dos días también se cumple seis meses de la muerte de esta gran cronista y entrevistadora. Sin embargo, esta es una historia de alegría contada por su esposo.


Por Juan Carlos Belaunde


A veces sentimos que ingresará a la redacción, riéndose, hablando fuerte, como lo hacía siempre. A veces sentimos que comenta con nosotros los temas políticos. Hoy esta cronista que destacó por su agudeza y estilo habría cumplido 37 años, doce de los cuales los pasó en este Diario. Hoy, seguramente, habría invitado a brindar porque el amor siempre la hizo feliz. Jimena Pinilla escribió una y otra vez y ahora su esposo es quien decide escribirle a ella. Hemos decidido compartir sus palabras con ustedes porque sabemos que cada uno tiene ausencias, penas de amor, porque las heridas se curan cuando se escriben y porque sus entrevistados y la gente a la que ayudó siempre la recuerdan con inmenso afecto . Estas son las palabras de Juan Carlos, el esposo de Jime, una periodista que siempre está entre nosotros, aunque ya no podamos conversar con ella.

Desde que nos conocimos vivimos en felicidad. No lo puedo negar, el lapso de seis meses en que Jimena sufrió su última enfermedad fue el más duro de mi vida (espero que su poco nivel de conciencia le haya impedido a ella pensar lo mismo). Sin embargo, alguien orientado a la estadística diría que el medio año de pesar representa apenas un 3,64% del tiempo que la pasamos juntos, y un 1,39% con respecto a toda su vida. El balance es absolutamente positivo. ¿Acaso toda experiencia, toda historia humana, no termina en muerte? Finalmente, todos tenemos vocación de tierra y ceniza, aunque esta vez vino demasiado pronto, a los 36 años.

La nuestra fue una historia de amor entre un Romeo narizón y una Julieta con problemas de salud. Al hablar de nuestro amor probablemente no diré nada nuevo. Escribiré lo mismo que cualquiera de los millones de enamorados que existen en el mundo. Gente común que quisiera ser poeta por unos instantes para poder expresar la grandeza de lo que siente, y estar menos consternado, desahogado, más tranquilo. Lo más seguro es que si Jimena no hubiese sido periodista en este Diario, estas líneas no verían la luz, no pasarían del ámbito familiar más estrecho. Pero yo tengo suerte. Lo confirma el hecho de haber conocido a Jimena, y con ella haber descubierto cómo se vive plenamente, con amor.

¡Parirás felicidad!
Jimena tenía dos puntos fuertes en su organismo, el corazón y, paradójicamente, su aparato reproductivo. Me entristecía ver a alguien tan dulce y maternal, con tanta capacidad de transmitir integridad y amor, sin tener posibilidad de hijos debido a problemas de salud ajenos a lo ginecológico.

Como buena amante, me decía entre lágrimas que yo había hecho una mala elección, que opté por una chica enferma y sin posibilidad de engendrar. Pero, amor, ¿no ves que soy el hombre más feliz del mundo? Inspirado en Benedetti, yo quería gritarle ¡nada me importa, solo tú, y vas a parir felicidad!

Hacerla feliz a pesar de los problemas se convirtió en mi objetivo de vida. Ella lo merecía todo.

Un día Jimena amaneció con fiebre y yo la convencí de que no fuera a trabajar, prometiéndole regresar temprano de la oficina. A mi regreso aparecí por un extremo del corredor, y me sorprendí al verla correr desde el otro extremo aullando como sirena de ambulancia, dejándose resbalar el trecho final, gracias a que estaba con medias, para terminar en mis brazos. --¿Qué pasa, loquita, por qué haces ese ruido? Y me dijo: "Tu presencia hace que se active mi alarma de la felicidad".

Fuimos felices, pero principalmente gracias a ella. Nunca estuvo enferma porque nunca se comportó como tal. Una chica que odiaba quejarse porque decía que debía de ser insoportable convivir con alguien que se lamenta (sufría en silencio, con garra y determinación); maravillosamente vital, prefería vivir plenamente unos meses, antes que vivir limitada durante años; disfrutó de la gente, de los amigos, de los libros, de sus clases de literatura, de su papa a la huancaína, de los chocolates; amaba con locura su profesión de periodista y escritora, y se entregaba a su oficio por entero, a veces a riesgo de su salud; dulce, cariñosa, con un sentido del humor encantador ¿Qué más puedo decir de mi amada guerrera?

Aparentemente había una contradicción entre su felicidad innata y su insatisfacción. Poseía ambas.

Su felicidad era producto del amor que recibió en casa. Siempre dijo que tuvo sobredosis de amor, y me siento responsable en parte, aunque yo ya fui beneficiario de un 'producto final'. Yo la conocí cuando ya era universitaria. Las causantes, podría decir 'fabricantes', fueron principalmente su mamá y sus cinco hermanas. Ella siempre dijo que tuvo seis mamás que la engreían a morir y a quienes adoraba. Para ser honesto, el libro recopilatorio que publicó en el 2003 se lo dedicó primero a su familia y luego a mí. Al ver mi ceño fruncido decidió invertir el orden. Ello es una muestra de lo que significó para ella su familia, en especial en tiempos de crisis de salud.

En contraparte, su insatisfacción era producto del no conformarse. Ella decía que no podía haber persona inteligente que se conforme en un mundo tan desigual e injusto. Conformarse era un pecado. Tenía indudable sensibilidad y la expresaba con pasión. Que lo digan los niños con discapacidad de la Sociedad Peruana de Síndrome Down, Angélica Mendoza y los hijos que perdió durante los años de guerra interna, el gran maestro artesano Jesús Urbano, el padre Hugo de la comunidad de Chacas, el querido padre Lanssiers y los acusados injustamente de terroristas, los amigos de la comunidad de Sarhua en la sierra de Ayacucho y tantos testigos de su energía desplegada mientras ejercía esa profesión de periodista, que hacía con el mismo idealismo de cuando era solo una estudiante de primer ciclo.

Aquí había otro contraste: el idealismo puede ser frustrante, pues llora frente a la realidad. ¿Cómo alguien tan inteligente puede ser tan inocente? Esa inocencia no mermó con el tiempo, viviendo en una ciudad como la nuestra, o como muchas, exenta de valores. Tuvo decepciones que la llevaron al llanto cuando por crédula entregó dinero a quien se lo pedía con falso apremio, o por dedicar tiempo en asuntos que tenían doble fondo; pero también tuvo satisfacciones. Es que a veces un inicial desprendimiento genera en las personas una conducta mágica de amistad y de entrega. Se gana mucho más de lo que se pierde.

Debo reconocer que como pareja no siempre tuvimos armonía. Al inicio peleábamos mucho. Hace unos días escuché a un amigo una frase que parece obvia: "Tu esposa fue alguna vez una desconocida". Sin embargo esto invita a ver a la gente con otra perspectiva. Si tuviéramos oportunidad de conocer a las personas, quién sabe qué sacrificios de amor estaríamos dispuestos a hacer.

Mi relación con su mamá empezó por las patas de los caballos.


--Buenas noches, señora, ¿está Jime?


--¿Qué cosa? Uno se desgañita para ponerle un nombre bello a su hija, ¿y viene uno y le llama Jime? ¡Gime, tu madre!


Fue la primera vez que escuché a mi suegra. No éramos siquiera enamorados. Cuando dejaba a Jimena en su casa luego del cine o de ir al Tambo a comer un 'kilométrico' le decía bájate de mi auto a la volada, no vaya a ser que aparezca tu madre. ¿Quien diría que con el paso de los años, mi suegra terminó siendo una de las personas que más quiero y que más admiro? Compañera infaltable de comilonas debidamente rociadas de vino durante los fines de semana. ¿Será porque Jimena tenía mucho de ella? Su ánimo, su energía, su oído biónico, su gusto por la conversación, por la lectura, las mismas aficiones

En contra de la creencia general, debo decir que lo que empieza mal a veces termina de manera excepcional. Te quiero, suegra.

Con mi mamá no fue muy distinto. Ella es del Opus Dei, y no congeniaba con Jimena, quien más de una vez se declaró anticlerical (aunque creía en Dios y amaba a los sacerdotes que viven en vocación de servicio). Además era contestataria, Jimena no decía nada por agradar, era incapaz de afirmar algo en lo que no creyera, por mera cortesía (reconozco, a diferencia mía). Contaba Jimena que decidió casarse conmigo una tarde en que --con su oído biónico--- escuchó a mi madre decir que Jimena no se ocupaba mínimamente de los quehaceres domésticos. Yo le respondí que Jimena tenía igual derecho a descansar el fin de semana, pues trabajaba tanto o más que yo, en una defensa cerrada por la igualdad de los sexos.

Como toda buena madre, mi mamá terminó aceptando a Jimena porque notó que en mi relación había mucho de lo que tuvo ella con su marido, simplemente amor.

Una vez le dije a Jimena, parafraseando a Sabina, "moriría contigo si te mueres", pero de manera menos poética, "que me lanzaría de un edificio". Ella me dijo que no, que yo tenía "vocación de felicidad". Así ella decreta mi futuro, y me enseña muchas cosas, a vivir plenamente, a ser feliz con lo que tengo, porque la alegría debe ser un estado permanente, no depende de que te vaya bien en los diferentes aspectos de la vida.

Hace poco, un día por la tarde pasé por el cementerio, no había ido desde su entierro porque siempre he creído que el cuerpo sin vida no tiene valor ni significado. A veces me siento más cerca viendo fotos o rezando en misa, pero ese día tuve la necesidad física de sentirla y fui solo. Me sentí bien. Estuve conversando con unos señores cincuentones que habían ido a acompañar --literalmente-- a su hermano muerto, enterrado cerca de mi chiquita. E iban con sillas, y cervezas en botellas grandes. Fue muy especial y bonito. Me dijeron que su querido hermano y mi amada esposa estaban ahora juntos para siempre, que era paradójico, pues en vida no se habían conocido.

Yo les dije que no podíamos saberlo, que de repente sí se habían conocido, y habían conversado, y que se habían hecho amigos. La flaca era así, simple, auténtica, era la misma persona con todos. Fue curioso porque al rato aparecieron mi suegra y Charito, querida sobrina. Noté que Jimena --o el cuerpo de Jimena-- tiene permanente compañía, a pesar de mis creencias.

Hoy debo mirar hacia adelante. No sé si llegue a casarme alguna vez. Me gustaría, también a la flaca, ella me lo decía, aunque me pusiese furioso. Pero deberé tener sangre fría para no pensar, no comparar... Si nos llegamos a amar un día, yo te hablaré de un amor, del que tengo guardado, de la otra parte de mí, de lo que me ha quedado. Puedo fingir para ocultar mi angustia, pero mis ojos me delatarían. ("Si nos llegamos a amar", Albita)

Sea como sea, lo tengo claro, Flaca, fuiste lo mejor que me pasó en la vida.

Extraído del diario El Comercio, hoy jueves 28 de setiembre.

Erika Almenara, 28.9.06 07:22

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Davy College People


Mi buena amiga Janet y yo (Pisco Sour en mano).

Con la gente del colegio en el Hotel Costa del Sol - Cajamarca.

Erika Almenara, 25.9.06 13:38

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Ahora sé

Dentro de una semana parto a Lima. Es curioso esto que siento: una forastera a punto de embarcarse hacia una ciudad desconocida. Ha sido mucho lo que he olvidado de Lima, ciertos nombres, ciertas calles. Mi casa está en Cajamarca, ahora este es mi lugar. Sin embargo, en Lima se encuentran mis amigos, mi madre y son ellos los que podrían, en todo caso, representar un sentimiento de pertenencia. Sé que sólo he estado acá durante un mes pero los sucesos ocurridos y no ocuridos durante este tiempo han causado revoluciones en mi mente, en mi piel, en mi memoria y no soy la misma chiquilla que partió hace un mes.

Me doy cuenta, recién ahora, la fuerza con la que un viaje nos modifica, nos evoluciona o nos involuciona. Mi percepción sobe la vida, sobre las personas ha cambiado radicalmente. Inclusive, la percepción sobre mi misma. Son esas otras músicas, desconocidas hasta ayer, hasta hace algunos momentos, las que cosen y descosen en el interior.

Tengo una larga lista de nombres y al lado las palabras queso / carne. Esta vez voy llevando algo de acá hacia allá, espero que mis días en Lima estén bajo control y me permitan no traer cosas inútiles de allá hacia acá.

Erika Almenara, 24.9.06 12:54

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Un memé

Martín Palma (Carta Náutica) me ha pasado un meme muy original en el que hay que responder a una lista de preguntas con títulos de canciones de un solo autor. Y yo he elegido a Silvio Rodríguez.

1.- ¿Eres hombre o mujer?: Alguien

2.- Descríbete: Caballo místico

3.- ¿Qué sienten las personas acerca de ti?: Compañera

4.- ¿Cómo te sientes?: Cuando digo futuro

5.- ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?: Ahora sé

6.- Describe tu actual relación con tu novio/a o pretendiente: Ojalá

7.- ¿Dónde quisieras estar ahora?: Casiopea

8.- ¿Cómo eres respecto al amor?: Te doy una canción

9.- ¿Cómo es tu vida?: Del sueño a la poesía

10.- ¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?: Quédate

11.- Escribe una cita o frase famosa: Playa Girón

12.- Ahora despídete: Puedes matarme, si lo prefieres

Erika Almenara, 22.9.06 14:05

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Reino Cerrado

Erika Almenara, 18.9.06 19:46

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Las aguas termales



Dicen que son medicinales, que en su composición, existen ciertos elementos que le generan un bien al cuerpo. Este fin de semana, ha sido un fin de semana de curación. El proceso se inició el día sábado cuando una de mis mejores amigas de la universidad llegó a la ciudad de Cajamarca. Decidimos visitar las "ventanillas de Otuzco" y caímos impresionados ante la majestuosidad del pasado y sus muertos. Luego, caminamos durante dos horas para poder llegar hasta "los baños del Inca". Durante el trayecto, fuimos testigos privilegiados de paisajes inimaginables para mi anterior entendimiento. Hemos cruzado ríos, atravesado un puente colgante que se movió sin tregua mientras nos aferrábamos a las sogas. Nos entusiasmamos con la amabilidad de cada hombre y cada mujer que al pasar por nuestro lado nos saludó con una gentileza propia del hombre inocente, poco contaminado. Al llegar, dejamos nuestros cuerpos a disposición de unas aguas sumamente calientes, presos de un ambiente reducido en el que se concentraba la historia de cada cuerpo y sus respectivas heridas para ser lavadas, desde cada poro expuesto a la sensación de aquella tarde. Salimos distintas, casi mareadas y en un delicioso abandono.



Al día siguiente pasamos el día en un hotel llamado "Laguna seca" que se encuentra también ubicado en "baños del inca". La experiencia en este espacio que alguna vez fue hacienda, se resume en que estando sola en la piscina de aguas termales, mirando la tarde, los grandes árboles meciéndose como me mecía yo misma entre mis pensamientos, entre mi desarraigo por el dolor, comenzaran a caer gotas de lluvia helada sobre las aguas calientes, humeantes, generando la aparición de burbujitas en toda la piscina. Fue ese quizá, el momento más poético de mi vida.


Esa escena permanecerá para siempre dentro mío porque no sólo fue una escena, ni un momento poético, fue la vida hablándome de frente, diciéndome que esa era la vida, que esa era la felicidad y el futuro. Esas gotas precipitadas cayeron en mí, bañándome sin pasarme su frío porque yo estaba dentro de algo tibio, tan tibio como el amor.

Erika Almenara, 05:44

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Janeth



Recuerdo que durante mis últimos días en Lima, había una queja constante en mi discurso y radicaba en mi falta de amistades femeninas, a pesar de tener dos buenas amigas en Lima. No sé qué tiene la ciudad de Cajamarca, no sé qué tengo yo desde que llegué pues resulta que puedo contar ya un total de 10 amigas. Entre ellas, debo mencionar a una en especial, se llama Janeth.

Janeth es una muchacha alegre y profunda que cada mañana me saluda con un abrazo honesto, mostrándome lados del género femenino especiales y distintos. Se ha levantado una complicidad y solidaridad femenina desde mis primeros días en la ciudad, sobre todo en el Colegio en donde trabajo, pues todos los almuerzos, los comparto con un grupo de 7 mujeres maravillosas que me hacen atorarme de risa y también reflexionar sobre aquello que sucede en mi vida y sus últimos sucesos.

Janeth ahora silva las canciones que grabé en Lima y que escucho mientras traduzco. Ha venido hasta mi asiento para abrocharme una pulsera en mi muñeca, tras las palabras "para siempre".

Algo se ha encendido en mí.

Erika Almenara, 15.9.06 07:23

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Himos a la noche

- ¿Qué es lo que llega de un modo más súbito que el rayo?
- La vengaza - dijo Fábula.
- ¿Qué es lo más efímero?
- Lo que uno posee sin que le pertenezca.
- ¿Quién conoce el mundo?
- El que se conoce a sí mismo.
- ¿Cuál es el eterno misterio?
- El amor.
- ¿En quién se encuentra?
- En Sofía.

La esfinge se dobló lastimeramente. Fábula penetró en la caverna.

Enrique de Ofterdingen
Novalis

Erika Almenara, 8.9.06 16:22

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Herramientas de transformación

Le he hablado a la luna, que perezosa me mira desde lo alto de una catedral incendiada. Le he mentido, la vida se demora. En el pecho, el hueco tapado con migas de pan. La luna arroja un pedazo de papel al viento, la mariposa danza embrujando al mismo viento y mi cuerpo sufre la transformación al resignarse.

Mis sueños han bebido esencias y pienso en portaviones, en Sinuhé y su soledad. Extraigo las migas de pan y noto el profundo hueco que ha dejado el disparo. Lo vuelvo a tapar, no he de mirarlo nuevamente. Yo, le hablo a la luna.

"Cuando finalice la mutación, nueva Edad Media habrá" (Silvio Rodriguez)
Say no more.

Erika Almenara, 06:35

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Peces de ciudad

Es tan difícil hallar un sacacorchos en la ciudad de Cajamarca... Tan difícil como marcar un número de celular y decir ¿nos vemos en media hora? ¿cafecito? ¿almorzamos? Pero golpeando una botella de vino, ésta se puede abrir. En un correo electrónico, se puede decir todo, también (y acaso más) Este es un post de agradecimiento a todos los amigos que no se han desconectado y que se preocupan por saber si ando bien y aún más, para la que responde a mi mensaje de "auxilio" escrito entre líneas.

Hoy me reconcilio con la ciudad de Cajamarca. Como tostadas con un queso delicioso y bebo vino tinto después de varias semanas. No hay nadie en casa pero llevo puesta una chompa que huele al ser amado, uso una hermosa pulsera de plata que me regaló una de mis más grandes mujeres, mis orejas están adornadas con dos corazones que una Navidad mi mejor amigo colocó en ellas, tengo en la mente las enseñanzas de mis maestros, veo un libro, escucho una canción grabada por el ex pelucón, leo un correo tierno del heredero del Juanito ¿cómo he de sentirme sola? La presentación de mi poemario ya tiene fecha, es como saber cuándo vas a dar a luz. Sólo queda confirmar con los doctores que lo traerán al mundo. Todo esto, no puede ser sino felicidad.Al diablo con las noches rebeldes, esta es mi alabanza.

Erika Almenara, 6.9.06 18:15

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Noche rebelde

Es punzante este frío de la mañana que ha venido a abrazarme después de una noche rebelde, de una noche de insomnio. Hoy no logro divisar el sol tras la ventana, se ha apagado, hoy. Froto mis manos diez mil veces contra el pantalón y el calor no me alcanza, me faltan sus brazos. Y sin embargo, el ruido de las ruedas de mochilas coloridas arrastradas por alegres y hermosos niños, capta mi atención y en mi rostro un amago de sonrisa.

Hoy he perdido la sensación de pertenencia. Deben ser los sueños incompletos, los sueños rotos que aparecieron en mi mente esta madrugada. Cómo lo transjiversan todo, cómo lo ensucian todo.

Vaya sí que estoy lejos.

Erika Almenara, 5.9.06 05:44

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