LGIB

Del diario de Antonio

Siento ahora esas ganas casi incontrolables de coger el teléfono y marcar su número, como ayer. Tengo ganas de hablarle sobre fiestas y cervezas, de bailes y de besos. Esta vehemencia pone mal a mi piel, la lleva a un nivel en que los poros toman una forma circular endurecida. Siento frío.

La pierna derecha se mueve al son de una música budista que he puesto para relajarme y obtengo un resultado contrario pues los golpes lacónicos de la melodía se parecen a las caderas de Verónica yendo de derecha a izquierda. A sus manos en la cintura acercándose de costado. A mi cuerpo resignado colocándose detrás del suyo.

Recuerdos sin argumento me poseen. Ganas terribles de inventar comunicación. La subjetividad se ha puesto a escribir. Esto no será arte, es el freno a una hemorragia.

Un baño pequeño de caños abiertos, piernas separadas y rostros que se humedecen. La mesa, luego la mesa donde la cercanía es inminente, donde la caricia ya no es discreta y ya no está hablando la subjetividad, habla la suposición.

Dejo el teclado. Alguien llama.

Erika Almenara, 31.1.06 15:20

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He vuelto a mirarte la boca, eres mi maldición indiscutiblemente eterna. De par en par tus labios se abrían en la oscuridad de un nuevo año. Mis dedos adivinaron lágrimas mojando papel. Oh criatura siniestra ¿por quién me tomas? después de tanto y todo no vacilas frente al encuentro en el que todo entendimiento estéril es frente a tus labios aunque estos se abran para besar a otra.

Erika Almenara, 15:18

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Los gritos llegan hasta ahora desde ese entonces como jinetes que traen consigo muerte.
Espero a la mitad del camino y no con la cabeza gacha, ya no tengo doce, tengo veinticinco.
Ahora soy una guerrera.
Guerrera cobarde que tiembla ante el encuentro.
Batalla.
Y así, siento los vientos mezclados con polvo susurrando bienvenidas a lo lejos.
El reencuentro.

Erika Almenara, 15:17

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PMQS

Una puerta negra y en medio un triángulo. Un sueño compacto de
comienzos inocentes. Ahí estabas, sosegada y distinta.

¿Es a mí, me pregunté?

Y cuando tus dedos resolvieron el destino del aire, supe que era a mí a quien observabas.

Desde ese instante no me despegué de ti.

Estuvieras o no,
no me despegué de ti.

Tus viajes, los feriados, nuestro insomnio,
todo y nada importaba porque aquella noche
tú y yo formamos un yugo,
formamos un yugo y no me despegué de ti ya nunca.

Erika Almenara, 30.1.06 15:27

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In the eye

I.
El televisor – yo - la cómoda. Arrojada en una habitación ocupada caí en una esquina. Al frente sólo la pared, de lado, mis padres haciendo el amor un domingo cualquiera, arriba, el techo que lleva color a tabaco, debajo, la sábana mojada con la que me abrigo cada noche.

II.
La disposición de un nacimiento inesperado compromete el espacio de los amantes. Abren paso a una esquina y entre madera y fierro posicionan a la recién llegada.

III.
Adusta la mente que provoca supuestos y engaña a la propia mente. Remediar al instinto todavía es duro pero el caballo continúa trotando e intenta contener sus propias amarras. La pregunta sin respuesta siempre sobre su mente.

Erika Almenara, 25.1.06 11:54

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Entonces ninguno de nosotros entendía que la vida se compone de experiencias: mientras más tuviésemos, más rica sería nuestra vida, por eso decidí volver. Feliz cumpleaños desde hoy por la tarde cuando aún no es mañana. Feliz Cumpleaños por todas las tardes de verano en que tú y tu cabello enredado me acompañaron, por haber creído en mí, por haber caminado pisando la arena cuando fue invierno. Porque ya nunca seremos los mismos del año pasado, porque el pelo creció, porque la vida nos arrasó y nos trajo de vuelta. La vida es siempre nuestra como nuestro es el mar.

Erika Almenara, 11:03

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Esta mañana, el camino hacia mi centro de trabajo ha sido un camino forastero. Primero, la combi – para ser más precisa la “couster” – repleta, no hay asiento libre, en una mano la lonchera, en otra la cartera y además la casaca. Hago un esfuerzo sobrehumano, comulgando con los pulpos, para hallar la forma de aferrarme a la barra y no caerme. Debajo de mí, a la altura de las rodillas que aprieto para mantener el equilibrio, un muchacho de unos diecisiete años lleva puesto unos audífonos que casi cubren toda su oreja. La música que parece escuchar lo lleva a practicar movimientos pintorescos que me provonan reír. Ya cerca de la Avenida Cuba, el muchacho que viste un short y un polo que dice Huntington, de cabellos oscuros y enredados, decide dejar de usar los audífonos. Los guarda dentro de su mochila que lleva sobre las piernas y de un pequeño bolsillo extrae un boleto de letras rojas que dice ADULTO. No sé por qué sospecho y me digo a mí misma que soy una mal pensada, que por eso voy a terapia. Me pide permiso y me hereda su asiento. Lo veo derrotar a las personas que en el pasillo obstaculizan su paso y entonces baja. Lo observo desde la ventana que primero limpio y cuando comienza a caminar por la acera noto una ligera sonrisa que no embellece su rostro. El muchacho guarda el boleto de letras rojas en el pequeño bolsillo.

Erika Almenara, 08:12

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Éramos dos animales en pleito, dos mónadas al encuentro. A mordiscos nos quitamos la vida. Con el sudor de la sangre apagamos nuestro delirio. Caímos en pecado mortal. Pasaron siete vidas, una después de la otra y todavía como fieras, saboreamos el sabor de la carne muerta en las muelas.

Erika Almenara, 22.1.06 12:46

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"En el fondo era como si todos estuviesen presintiendo o hasta descubriendo que, así como el amor es ciego, la amistad es entender hasta lo que uno no entiende de sus amigos y perdonarles absolutamente todo, aunque joda"

Alfredo Bryce Echenique

Erika Almenara, 12:39

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Antonio reflexiona por segunda vez

Parece que toda vivencia cobra matiz de reincidente dentro de un tiempo límite. Que la historia se confabula en retroceso repitiendo en otro espacio un mismo recuerdo.
¿Destino? ¿Juego? o ¿Burla?

Erika Almenara, 12:16

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Antonio reflexiona

Y decido entregarme al pensamiento. No me queda más remedio que rendirme, hoy no encontré salidas.

Erika Almenara, 12:12

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De cuando Antonio intentó hacer el amor con Olympia

Mis dedos te han robado la suavidad que ayer me llevó al delirio. Si lamo sus puntas, te encuentro en cada una de ellas, acorralada frente al designio de tu carne en conjunción con la mía, de nuestros alientos haciendo respirar al mismo aire.

Y es que ya sólo puedo pensar en tu rostro tan bello, mirándome sorprendida. Tu esencia conquistándome y yo sin poder dejar de rendirme ante ti.

Tus labios abiertos susurrándome al oído que “no puedes” y a mí no me importa que puedas, me importa que sientas.

Por mis venas se agitan acordes de Jazz por esa única vez en que sentí tu lengua dentro de mi beso… Estoy hechizado, Olympia.

Erika Almenara, 12:06

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Antonio decide comenzar a manejar los tiempos

Esa nota de la guitarra parecía un último intento de llegar, ese esfuerzo natural, esa urgencia de alcanzar lo inalcanzable.

No tenía ganas de nada, llevaba un malestar impreciso en el pecho, estaba cansado y quería huir… Cansado, sobre todo eso, cansado de esperar aquello que sabía jamás llegaría. Habían pasado poco menos de 7 meses, más de dos años y seguían en la misma situación, esa que tanto detestaba pero que sin embargo aguantaba por amar demasiado.

¿Por qué amar demasiado? ¿Qué era lo que alimentaba dicho amor cuyo fruto venía podrido? Se preguntaba una y otra vez sin encontrar respuesta alguna. Era una realidad que odiaba y a la vez quería. A veces estaba harto, a veces pedía más: contradicciones, arrepentimientos, heridas, cicatrices, lágrimas y más. Caídas muchas y ganas de dejarlo todo siempre, frenadas por el miedo al después, el miedo de haber hecho algo incorrecto que más adelante lo llevaría a un terrible arrepentimiento.

Eso de no haber hablado nunca lo torturaba, eso de habérselo perdonado siempre todo, eso de dejar pasar las cosas, eso de callar, eso… Había que comenzar a manejar los tiempos.

Erika Almenara, 18.1.06 17:48

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Tú sólo el indetenible señor de las palabras
aquel que miro pasar,
tan sólo pasar
y no detengo
nuestro tiempo se acaba y ya no somos
oh señor mío,
pedazo de cuerpo mío
si ya montamos el teatro,
si ya salimos a escena.

Erika Almenara, 13:34

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Ni siquiera me llames fantasma,
no volví
y no
no,
no aprietes los dientes
porque quiero que llores

derrámate sobre la mesa,
mézclate con el agua que bebo
y escucha

no aprietes los dientes,
que quiero que llores -he dicho-
porque no volví,
porque ya ni siquiera puedo llamarme fantasma.

Erika Almenara, 13:28

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Hablan de un barco que no partió llevándome.

Erika Almenara, 13:26

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Ojalá pudiera,
ojalá pudiera
pero ¿qué hacer si la mirada busca,
si la boca pide,
si la piel todavía suda?

descender de la cuesta quisiera
para no mirarte desde arriba,
para darte el alcance

mas ¿cómo?
¿buscando las alas que me has cortado?
¿los pies que me has pateado?

las ganas aún no c e s a r
hay ganas,
hay ganas.

Erika Almenara, 13:24

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El Viaje

Después de casi cinco años regreso al mundo de la traducción. He redescubierto la pasión que me conduce cuando hago de la escritura, música; la pasión que me posee cuando viajo al mundo del lenguaje y hago con él todo: lo poseo, lo destruyo, lo pierdo y lo recupero de nuevo pero cuando ya es distinto, cuando yo y él ya somos otros. Yo le hago el amor al lenguaje cuando traduzco.

Traducir es crear, es dejar que los dedos y la mente se vuelvan una y que en un acto, algo se transforme para volverse a crear. Y es que pienso en todo lo que sucede en el acto de traducir: se es otro, se va y se viene para luego regresar. Es un viaje que se inicia con el reconocimiento de lo que es distinto, de lo que es ajeno, de lo que se sabe, se transformará a merced de nuestras manos, de nuestros dedos regalándole otra identidad. Los traductores somos también escultores.

Parece que aquel primer acercamiento que tuve cuando niña a un diccionario que me mostró que existían otras gentes de lengua distinta, me ha traído hasta este ahora donde reconozco el amor que siento por esta amable actividad que hace que dos que no se entienden, lo hagan.

Erika Almenara, 17.1.06 07:18

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Ah, si, quién fue Olympia

Fue esa magia la que una vez más nos atrapó a ella y a mí. A penas llegó, nos sentamos rodeadas de docenas de Pisco Sours a hablar y hablar y hablar, ella y yo poseíamos una comunicación privilegiada, era asombroso a los niveles de profundidad a los que podíamos llegar. Eso era algo que a Cassandra siempre le había molestado, no eran celos -como solía decirme con esos ojos de luna- era que, según ella, nosotros nunca habíamos logrado ese nivel de profundidad… Olympia tenía esa facilidad de dejarse llevar por las sendas del alma, me conocía tan bien, me comprendía siempre a la perfección, nunca estábamos en desacuerdo y puedo asegurar que alguna vez estuvimos enamorados, pero con un amor indescriptible ese que se encuentra justo detrás de la amistad, éramos más que amigos y menos que amantes, el mejor justo medio.

Erika Almenara, 15.1.06 16:17

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Los ojos de Cassandra


Los ojos de Cassandra eran negros, negros como un mal pensamiento.

Erika Almenara, 16:09

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Diario de Antonio sobre el día en que conoció a aquella bailarina

Desconozco a ciencia cierta si una vez más se trató de mis grandes creaciones fantasmales, llenas de atribuciones convenientes a mi psiquis, a mi carne, a mi esencia. Alguna vez tuve conocimiento de ella, en realidad fueron dos las veces que escuché sobre su existencia. La primera, hace un par de años, en el sofá de mi sala y mientras buscaba llenar mis vacíos con pechos que herían mis manos. La segunda, también de noche, haciendo zapping la encontré sentada en un frío set de Canal N hablando sobre el clítoris y los falos.

Qué genialidad de mujer, comenté a Cassandra y ésta sin prestar la menor atención a lo dicho, comentó que en Discovery Kids estaban pasando al Osito Piri y que estaba muy cute, que había que verlo.

Mentira, hubo una vez más aunque este tercer acercamiento fuera en realidad el supuesto anuncio de su llegada a mi vida:
Primer día de clases, 25 mujeres con cara de raras, todas, oyéndome hablar sobre la timidez, el silencio y la mentira. Yo con la voz entrecortada, traspirando supe de su visita durante el próximo mes. Todo los antecedentes que tenía sobre su existencia golpearon mi cabeza y me alegraron, me regalaron esperanza, vida. Vida después de tanta muerte ingenua.
Los días pasaron y llegó septiembre. Una nueva semana comenzaba y también nuevas etapas. De la primera me enteré aún hasta ahora sin saber cómo. Alguien envió un mensaje anónimo a mi teléfono móvil felicitándome por haber quedado finalista en un concurso de cuentos. Esta noticia me alegró mucho, más aún cuando descubrí que habían sido tres de mis escritos, los que habían sido seleccionados. También me alegró que el mensaje anónimo estuviera sucedido por otro que decía “te extraño”.
Pensaba que una vez más, estaría dispuesto a conformarme con las migajas de Cassandra. No encontraba sentido a mi existencia sin ella a mi lado. Tan dañina y encantadora a la vez. Extrañaba su mirada perdida, esa de cuando hacíamos el amor. Su auto bajo mi puerta esperando por mí. Nuestros sueños más que nuestras propias vivencias. Eso, extrañaba soñar con Cassandra. No puedo amar con quien no sueño.

De la segunda, me enteré un jueves. La oí llegar, sentí sus pasos y la voz caló desde un primer momento. Recuerdo haber visto la pequeña cola que traía encima de esa chompa rosada y ese pantalón verde que siluetisaban tanto ese cuerpo (¿de hombre?) desde su entrada. Venía abrazada a algo y sí, traía además una casaca verde militar (¿de soldado?) y un maletín color mostaza que se veía pesado, más que ella pues ella era delgada y alta, de manos grandes, de dedos largos, con ojos verdes que sin mirarme, me miraron.

Antes de iniciarse la clase, corrí al baño y llamé a Lúcas para contarle que en efecto, ella había asistido a la charla. Al salir, la escuché contándole a la profesora que había impreso uno de sus cuentos para repartirlo y que además tenía pensado que cada uno leyera un extracto del mismo para así hacernos participar a todos. Qué brillante esta mujer, pensé nuevamente y salí del baño a tomar mi puesto como alumno de segunda fila en el taller de creación literaria con Carmen Ollé. Ésta hizo una clase de introducción antes de presentarla a ella, hablando así acerca de la literatura lésbica radical. De pronto, lo entendí todo. Ella nunca saldría conmigo. Abandoné el salón de clase y marqué el número de Cassandra.

Erika Almenara, 14:20

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Antonio se confiesa iniciando el cuento que creyó nunca acabar en un intento patético de explicar el amor

Soy tan o más irreductible que Girondo al señalar que algo que no se le perdona a una mujer es el hecho de que no sepa volar. Este es el motivo primordial por el que estoy enamorado de Cassandra. La conocí volando y sin duda fue su arte de volar el que me cautivó, fue esa cadencia que ella derrama la que derrumbó todos mis mitos.

Cassandra es una mujer que cuenta con muchos atractivos, muchos créanme. Muy a parte de su esencia volátil, posee una mirada que lo trastoca todo, me acaricia por dentro con sus alas, rompe mis paredes, vence mis venas, abre mi pecho y llega a calar hasta el alma… fíjense que tan sólo estoy hablando de su mirada. Sus ojos me conocen, me descubren, yo me pierdo en ellos y me hallo dentro, muy dentro de ella.

Si pretendo seguir un orden lógico, debo continuar entonces hablando de sus labios, maravilla encarnada en un rostro de mujer tan delicadamente delineados, hacen juego con sus pupilas, brillantes, poderosos. Labios rosas, no rojos ni rosados, rosas. Estos labios tan exactos, esconden unos dientes que cuando se hunden en mi piel dejan huella, erizan, encienden… ensillas fabricadas de la tela de su corazón, rojo fuerte, fuego vivo.

Noto al consignar el último punto del párrafo que me he alejado de la primerísima razón de esta declaración, el volar de Cassandra. A distancia y sin su presencia, sus atributos secundarios me distraen, me hechizan. Ella nunca es pedestre, siempre es alada, ella no camina, vuela. La primera vez que noté su naturaleza etérea, quise seguirla, aprehenderla. Ella me llevó mucho más allá de los límites que rozan siquiera la felicidad. Conocí de su mano los ecos de todo un siglo, de toda una generación, de todo un pensamiento. Me sentí casi alada también, dormida en su abrazo.

El caso es que he redescubierto que no puedo mezclar mi esencia, con una mujer pedestre y ya que todas lo son, debo resignarme a pretender a una sola, mi mujer alada, la que hace, a partir de su esencia etérea, que todo lo que yo viva parezca de fuera de este mundo. La que me tiene siempre en las nubes, la que me eleva, mi sueño hecho realidad, Cassandra.

Erika Almenara, 13:16

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Para Olympia

Hoy me desperté dentro de una de esas mañanas en las que nuevamente me lo cuestiono todo. Este todo se centra básicamente en las conclusiones llegadas la noche de ayer y también en aquellos actos que todavía no termino de anular. La conclusión que no mata pero destruye: el utilitarismo que desarrolla cierto tipo de gentes. Por ejemplo, considero que hay momentos de estupidez en que la gente abre y abre la boca para decir sin sentidos. Claro está, que no lo hacen con el afán de mentir. No, me parece que lo hacen debido a la necesidad que poseen de sentir, aunque el efecto sea de corta duración, la novedad del instante. Después, y lamentablemente, pasado el tiempo, este efecto termina y el que cae en los brazos de la decepción y el desamparo es el receptor de dichas exageraciones. Y es que la gente está acostumbrada a apasionarse y a eso llamarle amor. A ese intento desesperado de llenar sus sexos, sus vacíos y miserias. La gente se engaña.

Este proceso puede darse varias veces y en distintos contextos. Suele nacer de situaciones en las que de alguna forma se tocan puntos básicos en el sentimiento de la persona que hacen que se busque la sensación. Así, se genera una especie de posesión y la persona se llena a sí misma de concepciones y ganas - todas ellas volcadas hacia la otra persona - que llevan a realizar acciones en pro del cumplimiento y satisfacción de las mismas. De esta manera, se escuchan adulaciones de todo tipo, promesas, y para cerrar la mutilación emocional, se es víctima de miradas y caricias que fulminan los sueños. La situación toma color de desgracia cuando se sobrepasan los parámetros de la ropa. Ahí sí que el efecto posterior al entendimiento de la nula validez de toda esta parafernalia, aniquila. Los momentos impresos en la piel, resultan imborrables.

Erika Almenara, 13:10

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Cuando casi fue febrero de 2005

Otra vez las incontenibles ganas de llorar. Parece que los días domingos son los peores. Después de una tarde amena con los compañeros de miradas buenas, he decaído en ese infranqueable abismo, en esa herida de tiempo que soy yo misma.

Si he de ponerle un nombre a mi tristeza, entonces se llama ausencia. Deberé decir que por ausencia lloro, que por su extravío me entrego al papel que busca respuestas que no aturdan. Janis Joplin me canta y me llama little girl in blue, yo le guiño un ojo a Alejandra Pizarnik que me mira desde la pared cuando parte en un barco llevándosela.

Ausentarme también yo completamente no seria una salida honrosa como la que persigo para cura de este mal, este mal del alma, de la mente irremediable que busca incesante reposo. ¿En qué? En dos ojos heridos que desde una mesa me llaman y cuando acudo me rechazan. En unas manos que, despistadas, se acercan para retroceder envenenadas por un aire de destino apocalíptico en la soledad de la propia búsqueda.

Palabras dichas que han preferido borrarse me persiguen y me tientan a cuestionar acciones contradichas en un mar de conjeturas que me envuelven cada noche de vacío.

El mar lleva tu nombre.

Erika Almenara, 12:35

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Instante

Serpenteas entre mis lados,
los humedeces con tu lengua de sapo
te transformas en un bípedo interesante
aún con cola dando azotes,
te he elegido
y mientras me duele,
disfruto.

Erika Almenara, 08:47

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Entre plumas

Levanta tus alas ángel,
ofrécete desnudo
deja el anacoretismo para otros

enséñame tus plumas y
déjame una de ellas y
vete a volar

yo te espero ángel
pero ábreme tus alas
para esperarte entre plumas,
para sentirme una de ellas

vete ángel
vete a volar.

Erika Almenara, 08:44

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A una noche de diciembre

Hablaste para volver a hablar,
para volver a decir
y luego, ya no dijiste nada.

tus ojos, la ventana romántica
tu boca, la ventana clásica

has roto la bulla sin construir melodía
¿a qué le llamas canto?

la esfera suspendida deja de estar suspendida
la esfera cae
no se rompe pero aúlla.

Erika Almenara, 12.1.06 05:49

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Ya no te espero

Estuvimos a la orilla del mar,
cuando las olas nos adormecían con su canto grato,
cuando no llegaba el crepúsculo,
cuando tomarme las manos, era habitual.

Ahora, yo camino hacia un extremo y tú hacia otro
y qué puedo hacer yo,
¿acaso voltear la cara para saber si aún me miras?

Seguiré el llanto de las gaviotas y no bajaré la mirada,
me iré con ellas,
emularé un grito desde su altura
y seré pez.

Erika Almenara, 05:47

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Hoy sobrevivo apenas a mi muerte

Carne que dejo enfriar entre mis manos,
carne despellejada de animal viejo,
de animal olvidado.

Entre mis dedos la veo desangrarse
y la exprimo
porque quiero robarle sus últimos jugos
que alguna vez fueron suaves
como lo son hoy todavía los míos.

Erika Almenara, 05:46

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Casiopea

Una vez más tus palabras se mezclaron con títulos de poemas alucinantes. Me he falseado citando frases de un pasado que viví sin ser yo. Ha sido otra la boca que ha pronunciado, no te preocupes, estamos, sin embargo, libres de todo mal.

Erika Almenara, 05:43

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Replantearme si existe o no la humanidad

Esto a raíz de un grupo de personas que encontré esta mañana salpicadas en distintas partes de Lima exhibiendo de forma vulgar carteles de apoyo al APRA. Estas gentes – de todas las edades – afeaban las calles sin observar a los niños de caras pintadas ensayando todo tipo de posturas, sin percatarse de lo apretada que iba la gente en las combies, sin mirar a los ciegos pedir limosnas. ¿Es que a caso serán incapaces de relacionar el paisaje que tienen en frente con el gobierno incendiado que produjo el candidato al que apoyan? ¿Puedo yo creer que realmente existen?

Erika Almenara, 9.1.06 06:53

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Larga la noche,
largos tus ojos
ondulantes y ligeros detenidos tras mi muerte

agazapado vienes
te disfrazas de colibrí
y con tu pico ahuecas mi corazón

larga la noche
y largo tu pecho endureciendo mis ecos

tu fantasma me motiva,
inquilina de tu vientre soy
estoy perdida
es tu noche,
me derramo
y digo tu nombre.

Erika Almenara, 8.1.06 10:53

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Adentro hay una nada que devora creando vacío
no hay espejos
ni manos
ni pasillos

Adentro hay un silencio gris
que se sabe utilizado por aquel que nunca tuvo voz
por aquel que enmascarado a su puerto llegó

Adentro se ha roto un diamante joven
adentro, soy yo.

Erika Almenara, 10:49

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GOODNIGHT KISSES

Uno
La demanda de unas manos heladas que buscan el abrazo del cuerpo le hacen pensar que el dilema aún no se encuentra resuelto. La respiración pausada agita el cuerpo que intenta dormir. La fiebre producida al mirar el espacio a oscuras, detiene el sueño y en el pecho el gran hueco acechante, empujando los órganos hasta el corazón que es el único que esta noche duerme.

Dos
Ojos secos despiertan alertas en la mañana. Toman el reloj, consultan la hora, trémulos, recorren el cuarto de esquina a esquina, de arriba abajo y caen en cuenta de que ya ha amanecido, una mano llega hasta ellos y tira para sacarlos de ahí. Ahora sólo el hueco, lo ojos ya no miran.

Dos y dos fueron cuatro
Yeah, everybody, everyone goes to the moon and there is me, me around this earth in circles and circles trying to reach the moon each night when there’s no silence, when there’s no company just me and the shine of the moon over me. Piensa y no sonríe. Se rasca los ojos, consulta de nuevo el reloj.

My skin is trying to communicate and at her shout my voice lives. Ahí va. Pero ¿por qué en ingles? Se pregunta y consulta nuevamente el reloj.

Voices threatening my night, coming to mi feet, linking them with their catchy songs, no more funny awakenings for me, just water coming out from my body, for my skin and those voices visiting me every night. No puede parar. Esta mañana, el español no le sirve.

Otra noche más:

The heart in the middle of the night walks along my body. He visits my legs, look at my arms and kiss my neck. This yellow heart came from so far away with a sound of bells, it’s the heart of a little girl. He is now saying:

It hurts
It really hurts
That is why I am not writing in my tongue
Spanish words return to the wound each time they are spoken or written.

¿El corazón escribe?

Daddy coming to my bed and no goodnight kisses this time.

Erika Almenara, 7.1.06 09:25

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Ayer y hoy

Y entonces mis amigos estuvieron aquí y mi casa ya no es sólo tú. Yo ya no llevo tu nombre prendido de un alfiler en mi lengua, tus fotos ya no me rodean y a esto le llaman estar sano. Yo aún no entiendo, no comprendo, sólo sé que se siente bien.

Erika Almenara, 6.1.06 22:18

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Calle Colón Cuadra Cuatro

Un auto que retrocede y unas piernas que se detienen a mitad de una vereda miraflorina. La noche ha hecho desierta la cuadra cuatro de la avenida Colón. Nadie la mira, Antonia decide subirse al Mercedes plomo.

Deja las bolsas en el asiento trasero, se pone el cinturón y entonces cierra la puerta. Él la mira buscando su mirada, por fin ella voltea y nerviosa intenta una sonrisa que Alfonso detiene al besarla. Ella toma su cabeza canosa y mientras sus labios emprenden la lucha, el auto que viene detrás, los cohíbe con su bocina.

Alfonso decide frenar el impulso mientras Antonia seca sus labios. No hay palabras camino al hostal, sólo dedos que se pierden entre dedos. Llegan y con un gesto que Alfonso plantea desde el auto, se abre el portón. Estaciona el auto y mientras recoge las llaves, descubre a Antonia recostada en el asiento observándolo, otro beso más y mejor apúrate Alfonso que ahorita me vengo…

El ascensor, las miradas dirigidas hacia partes precisas y por fin el piso nueve. Las llaves, la prisa y las piernas de Antonia apretadas al pantalón. Esta es la última vez, se dice ella mientras desde la cama mira a Alfonso desatarse la corbata. Cae la camisa, cae la blusa, los pantalones que liberan las piernas que Alfonso comienza a besar, el sostén, la camisa, la piel.

Encabalgada, Antonia repite que es la ultima vez y Alfonso mordisqueando sus pezones, resume su incredulidad. Caen los parpados de Antonia y las carcajadas que vienen a continuación reafirman a Alfonso lo buen amante que es. Ahora ya puede, en contracciones dejarse vencer, desapretar la mente, soltarlo todo.

Dos días después, cuando la Calle Colón, Cuadra Cuatro se encuentra nuevamente a oscuras, el Mercedes plomo vuelve a retroceder y las piernas de Antonia se detienen.

Erika Almenara, 16:36

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¿Marito y Vanessa Saba?

Es bastante pastel que Mario Vargas Llosa se junte con Vanessa Saba a leer textos de "La verdad de las mentiras" pero estoy segura que la unión dará buenos resultados. Hoy en el Comercio la noticia.

Erika Almenara, 5.1.06 12:50

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Cuerpos menguantes

El cuerpo de Andrea es liviano, se pierde. Su pelo verdoso se torna amarillo cuando el lacio derramado entre sus hombros cambia de posición a cada golpe, a cada convulsión, a cada latido. Ella no sabe de posiciones, para ella sólo existe una. Le gusta siempre abajo porque disfruta de ese cuerpo, de ese peso duro sosegando su propia existencia.

Sus piernas delgadas, todavía jóvenes, se sienten troncos sosteniendo la copa de un árbol demasiado maduro. Sus pies caminan entre el aire helado que se respira afuera de la cama pues dentro de ella todo es sofocante. Sus brazos se creen ramas estiradas, golpeando la cabecera de la cama. Sus venas cobran mayor presencia y son ríos de sangre azul que se dilatan en la vibración de su piel por querer estallar. Sus pechos apretados contra sus mismos pechos cobran vida al sentir la presión de ese otro que sube y baja, que murmura y calla entre violento y delicado.

Andrea prefiere mantener los ojos abiertos, fijados en la pupila que parece agrandarse al mirarla. Él no habla. Se pierde en susurros que arroja hacia sus orejas mientras las mordisquea, mientras intenta arrancar sus perlas con los dientes, esos dientes agudos que anida una boca delgada. Una boca perfecta que apaga su propia boca, que hace brotar al silencio porque ellos buscan silencio en aquella pugna, en aquella negociación.

Cuando el espacio se recoge en un sólo instante que tiende a lo infinito, las paredes amarillas de la habitación iluminan el cuerpo de ambos, Andrea mira los búhos sobre la repisa que parecen celebrar su descarga, la luna que cuelga de una esquina pasa de cuarto menguante a luna llena. Llena como ella por ese furioso sabio ceniciento que pronuncia su nombre como denunciando verdades, como auxiliándola en la caída que él mismo establece, que él mismo crea porque este hombre es casado, este hombre es casado se repite Andrea cuando ya para ella todo ha terminado y la luna vuelve a cuarto menguante y los búhos cierran sus ojos.

Después, ella siente que la carga la abandona y llega la fatiga y se pregunta por qué siempre tiene que ser así. Sabe que el deleite ha terminado por eso no lo mira a los ojos pero siente que la busca para pedirle perdón pero no dice nada, él ya nunca dice nada. Luego sabe que una nueva despedida se aproxima pues con los ojos cerrados lo siente trajinar, él está inquieto y no la toca entonces ella decide abrir su boca por única vez para anunciarle que debe irse porque los hijos están por llegar.

Esta vez, lo mira levantarse, abrigar su cuerpo con pantalones largos y oscuros, abotonarse la camisa y acomodarse el pelo. Él voltea y ella se siente descubierta pero sonríe, lo mira sonreír también y al escucharle decir “mañana nos vemos” ella piensa ¿qué más da?

Erika Almenara, 2.1.06 11:30

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Año nuevo en la playa

Gracias a la buena voluntad de mi amiga Mónica Pizarro, he tenido la suerte de experimentar el recibimiento de un nuevo año en la playa. Punta Hermoza lucía vacía y virginal a las nueve de la noche del sábado 31. Nuestra ubicación era bastante bondadosa pues el departamento en el que aguardábamos, nos permitía expiar al corazón de la playa: el malecón. A eso de las diez y treinta, decenas de adolscentes invadieron las calles, todos provenientes del paradero a donde las "custers" los habían expectorado. Hombres y mujeres -casi niños- en vestimentas veraniegas que dejaban ver, que mostraban, lo reprimido durante un año y que por una sola noche, besaba la libertad. Hombros, piernas y rostros mezclándose frente al mar, una masa que se movía para un mismo lado. Todo esto acompañado del cocktail de músicas (perreo,salsa,metal, para mencionar los más resaltantes) que escapaban de los automóviles de aquellos hombres mayores que bebiendo cerveza abrazaban a sus "hembritas" esperando que sean las doce.

Ha sido una noche distinta pero hermoza sobre todo por la calidez de las personas que huyendo de esa maza estuvieron conmigo.

Erika Almenara, 1.1.06 14:16

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Recuento Literario

Hoy domingo primero de enero de 2006, Ricardo González Vigil ha escrito en Luces del Comercio un recuento literario del año en el que resume los sucesos más relevantes ocurridos en el mundo literario. Sin duda, uno de ellos radica en que Alonso Cueto haya recibido el premio Herralde por su novela "La Hora Azul". Gonzáles Vigil hace también mención de aquellas obras publicadas de mayor calidad: "Hotel Europa" de Luis Hernán Castañeda en Novela, "La piedra alada" de Watanabe en poesía, etc. Considero que se ha realizado un recuento bastante acertado aunque no considero que "Neguijón" de Iwasaki haya sido la novela del año.

Erika Almenara, 13:51

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